minnima nace como un estudio de diseño, interiorismo y arquitectura, con un enfoque creativo multidisciplinar.

Fundado por Sonia González, arquitecta por la ETSAM, que tras muchos años de experiencia apuesta por crear una marca con identidad propia, reflejo de su pasión por este oficio.

Esa identidad queda patente en cada obra que firma el estudio. Cada proyecto parte de un concepto, de una historia, de una conversación. Una conversación con un cliente, pero también con un problema que hay que solucionar.

Se busca un hilo conductor, un destello, el germen de una sorpresa. Es en ese momento donde más se valora esa facilidad para sentarse y escuchar al cliente, esa experiencia para descubrir el eje sobre el que girará todo el programa.

 

Se acumulan ideas, se descartan propuestas. Hay una necesidad de encontrar un lenguaje para ese proyecto concreto. Se busca algo duradero, con pocas concesiones a las tendencias y con posibilidad de sobrevivir en el tiempo. La respuesta apropiada, sin atajos.

Después hay una etapa de maduración, de desarrollo. Ahí es cuando encontramos un equipo multidisciplinar generando nuevas preguntas y barajando soluciones. Una red de profesionales, los mejores en cada oficio, aceptando el reto de crear un espacio único.

Una vez atrapada la esencia, toda la experiencia del estudio se pone en marcha para construir, prestando atención a cada pequeño detalle.

El respeto por los procesos, por los materiales, por el tiempo, por la luz y por el espacio se pone al servicio de la idea creativa.

minnima nace como un estudio de diseño, interiorismo y arquitectura, con un enfoque creativo multidisciplinar.

Fundado por Sonia González, arquitecta por la ETSAM, que tras muchos años de experiencia apuesta por crear una marca con identidad propia, reflejo de su pasión por este oficio.

Esa identidad queda patente en cada obra que firma el estudio. Cada proyecto parte de un concepto, de una historia, de una conversación. Una conversación con un cliente, pero también con un problema que hay que solucionar.

Se busca un hilo conductor, un destello, el germen de una sorpresa. Es en ese momento donde más se valora esa facilidad para sentarse y escuchar al cliente, esa experiencia para descubrir el eje sobre el que girará todo el programa.

 

Se acumulan ideas, se descartan propuestas. Hay una necesidad de encontrar un lenguaje para ese proyecto concreto. Se busca algo duradero, con pocas concesiones a las tendencias y con posibilidad de sobrevivir en el tiempo. La respuesta apropiada, sin atajos.

Después hay una etapa de maduración, de desarrollo. Ahí es cuando encontramos un equipo multidisciplinar generando nuevas preguntas y barajando soluciones. Una red de profesionales, los mejores en cada oficio, aceptando el reto de crear un espacio único.

Una vez atrapada la esencia, toda la experiencia del estudio se pone en marcha para construir, prestando atención a cada pequeño detalle.

El respeto por los procesos, por los materiales, por el tiempo, por la luz y por el espacio se pone al servicio de la idea creativa.